Miedo


La ilustradora, Patricia Fitti, ha conseguido que todos los alumnos hayan acertado el miedo. Nosotros le hemos puesto música a esta emoción y así ha sonado


El miedo, es una emoción primaria, desagradable en ocasiones y necesaria en otras para no actuar de manera temeraria. Su función principal es mantenerte alejado de los peligros y a asegurar la supervivencia al máximo. "Si el miedo crece muchísimo, se convierte en terror y entonces pierdes el control. El miedo puede servirte par estar alerta ante el peligro, pero el terror te paraliza y no te deja pensar"

La mayoría de los miedos serán pasajeros irán apareciendo y desapareciendo en función de la edad y del desarrollo psiconeurológico. Como he mencionado anteriormente, estos miedos resultarán muy útiles ya que ayudarán a enfrentarse de forma adecuada y adaptativa a situaciones complicadas o difíciles que puedan surgirles a lo largo de la vida, protegiéndolos de posibles daños y relacionando emociones que formarán parte de su evolución continua. 

Es necesario que los niños experimenten esta emoción  en situaciones específicas pero sin que lleguen a ser lo suficientemente importantes como para alterar de manera significativa su desarrollo cognitivo emocional.


Miedos más comunes

  • Miedo a la separación: se trata de un miedo adaptativo y con un gran valor de supervivencia. Su presencia indica cierto grado de madurez en el niño. El niños que lo padece siente un malestar cuando está o piensa que puede encontrarse solo ante cualquier tipo de amenaza. Esta ansiedad puede desencadenar en que el niño no quiera dormir solo, no quiera ir al colegio, a tener pesadillas, o padecer síntomas físicos como dolor de cabeza, de estómago... 
  • Miedo a los extraños: aparece entre en primer y segundo años de edad. La experiencia previa con desconocidos jugará un papel esencial ya que, será más fácil y generará menor temor para aquellos niños que estén acostumbrados a relacionarse con personas diferentes que a los que tengan una relación más limitadas a la familia.
  • Miedo a la oscuridad: suele aparecer en torno a los dos años y desaparecer hacia los nueve. Este miedo puede ir acompañado de trastornos del sueño como pesadillas (aparecen en torno a los tres y seis años de edad y se caracterizan por un contenido de gran ansiedad que recordarán cuando despierten) y los terrores nocturnos (suele darse entre los cuatro y doce años. Se caracteriza por un despertar brusco acompañado de gritos, lloros, confusión y sin recordad nada de lo sucedido una vez haya finalizado el sueño).
  • Miedos escolares: suele darse entre los 3-4 años o a los 11-13 (también puede darse fuera de los estudios obligatorios). En el caso de los niños, este miedo es repentino. El miedo al colegio va acompañado de síntomas fisiológicos de ansiedad (taquicardia, trastornos del sueño, pérdida del apetito, diarrea, vómitos...) y de anticipación cognitiva de consecuencias negativas asociadas a todo lo relacionado con el colegio. Esto, incrementará las conductas de evitación, incapacidad, inhibición y bloqueo hacia las tareas escolares. Se ha comprobado que la fobia escolar aumenta con la edad. Por ello, hay que ponerle medio para evitar el fracaso escolar y ver mermada su seguridad, autoestima.
  • Miedo a animales: en algunos casos adquirido a través de la experiencia directa. Se va a dar sobre todo en la infancia y tendrá un carácter transitorio aunque, en ocasiones, derivará en una fobia influyendo de manera significativa en las actividades cotidianas. 
  • Miedo a la enfermedad y al daño físico: un miedo universal y altamente adaptativo ya que representa una amena real a la seguridad y a la supervivencia del individuo.
  • Otros miedos frecuentes: miedo a los derivados de ambientes naturales (truenos, relámpagos, ruidos intensos, al agua...); miedos derivados de situaciones específicas (transportes públicos, alturas, ascensores, espacios abiertos o cerrados...); miedos referentes a situaciones (provocando vómitos, diarreas, hablar en público, a perder el control...)

La mayoría de las fobias derivan de miedos específicos básicos, de ahí la importancia de prevenirlos y resolverlos antes de que se conviertan en miedo clínicamente significativos. Los miedos no resueltos pueden derivan en futuras fobias tanto en niños como en adultos. 


¿Qué hacer cuando aparece el miedo en el niño?

  • Poner a prueba y contrastar hasta qué punto lo que uno teme puede tener las consecuentes que uno cree. Al evitar un miedo impedirnos aprender a controlarlo.
  • Enseñarle a comprobar si algo debe o no ser temido.
  • Hacer que comprueben a través de la experiencia y de manera gradual, que pasa cuando se quedan a oscuras, que pasa si se toca a un perro...
  • Los adultos a veces somos los mayores transmisores de los miedos a los más pequeños.
  • Hay que saber que no todo lo que se teme debe ser superado. Pero no olvidemos actuar cuando nos incapacita para llevar una vida normal.
  • Utilizar un estilo de educación positiva. No se debe utilizar el castigo.
  • Evitar asustarlo aunque sea "de broma".
  • Estar atentos a lo que ven en televisión.
  • Cuando llora de noche porque tiene miedo, es preferible calmarle a oscuras y luego, si lo creemos conveniente, encender la luz. De este modo evitamos que asocia la oscuridad con el miedo.
  • Enseñarle a solucionar las pequeñas dificultades de la vida por sí mismo. No darle las cosas hechas ni evitarle pequeñas frustraciones con las que obligatoriamente ha de enfrentarse.
  • Enseñarle a observar, a ver y a reforzar cualquier comportamiento de valentía y de enfrentamiento por mínimo  que pueda parecernos.
  • No utilizar el miedo para controlarlo.
  • Evitar contarle historias de terror.
  • Leerles historias en los que niños como él o ella superen situaciones difíciles.
  • Ser sus mejores modelos. Si tenemos miedos, debemos aprender a resolverlos y a mantener el control.

Los niños han sentido miedo ante la oscuridad, ante la madrastra de Blancanieves, a atracciones de feria, películas, a un suelo en las alturas de cristal... Pero han aprendido a que también se siente miedo ante la reacción de las personas
Los niños tienen a veces "miedo" de hablar para no herir sentimiento de sus familiares y/o compañeros. El desconocimiento ante la reacción del otro ante un comentario negativo, hace que muchas veces no digamos las cosas como las sentimos. Nosotros en clase, estamos trabajando este aspecto poco a poco y siempre desde el respeto la educación. Un aspecto difícil pero muy importante.


Y tú, ¿a qué tienes miedo?



Fuente: psicologia-online.com
Dª Ana Mª Bastida de Migue (Licenciada en psicología

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